La noche en que me convertí en el último en pie (literalmente, jaja).
Pensé que la invitación de mi madrina a tocar la guitarra iba a ser un bajón… pero terminó siendo el guardián de la noche, el último adolescente despierto en una mini fiesta inesperada.
Música, risas, cerveza tranquila y hasta misión secreta a buscar hielo.
No lo planeé, pero fue una de esas noches que se quedan pegadas.
Aguante la madrina y su casa que de día es familiar y de noche… un boliche secreto.